miércoles, 30 de octubre de 2013

ENTORNO A LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Hace muchos, muchos años, en España no se conocía la fiesta de jalogüi, y hace muchos menos años tampoco se conocía. La estación del otoño era, especialmente en la Región de Murcia, un momento de recogida de frutos como almendras, nueces, naranjas, mandarinas, oliva; época de elaboración de productos que contenían otros secados al sol (como el pan de higo) o transformados mediante su cocción con azúcar en mermeladas, compotas, dulces de (membrillo, tomate...) u otros postres tan especiales como el arrope de calabaza y melón o las torrijas, los huesos de santo y buñuelos de viento. Era una estación muy culinaria y transformadora. Aquí los cambios de temperatura son en cuatro días y podemos pasar de repente de 30 º a 18 o lo que es lo mismo de verano a invierno en un santiamén. Este paso se establecía en Todos los Santos, una festividad muy señalada y querida por los más pequeños, pues como su crecimiento les impedía repetir ropa del año anterior, ansiaban este día para estrenar el nuevo vestido, los nuevos zapatos y los nuevos calcetines. Todo se preparaba para esta fiesta, además de ir a dejar la casa perpetua como los chorros de oro y mientras nuestra madre limpiaba íbamos interrogándola sobre quién estaba allí, por qué, cuando, cómo era..., íbamos recogiendo nuestro pasado, nuestra procedencia y nuestras costumbres. El día esperado, Todos los Santos, llegaba y en la puerta del Campo Santo estaba el vendedor de palomitas de maíz y castañas asadas. Tras llegar a casa y ya por la noche, se desgranaba la mazorca de maíz y se preparaba la sartén con un chorro de aceite, un vasito de agua y unas gotitas de anís a esto se le añadía un vasito de azúcar y los tostones (que así se llaman en mi tierra). Se movía y movía hasta que se consumía el agua y empezaban a explotar, momento este muy especial: había que bajar un poco el fuego, tapar bien la sartén con una tapadera y moverla enérgicamente para que no se quemen y exploten todos. Después de este rato de gloria, a comer. Esto para los más pequeños, para los mayores se tenía por costumbre hablar en esta época de apariciones, de espíritus, de visitas invisibles que solo se percibían por el hueco hundido que dejaban en la muñida cama. Las cruces, los rezos y otros ritos apartaban a los malos espíritus y el miedo a lo desconocido.

¿Y jalogüi? Es una tradición anglosajona y se introdujo en los Colegios mediante la teacher que cuenta las costumbres inglesas. Y es que como nos gusta lo que no es nuestro... Más aún tratándose de fiesta, comercio y negocio. Pues hemos olvidado hacerle tostones a los niños en casa, ir al cementerio a recordar de dónde venimos, hacer y comer dulces y productos de la época. De aquí a unos años nos habremos olvidado hasta de quienes somos, seremos cualquier cosa, quizás españoles alzhéimicos. Para mejorar esta enfermedad social recomiendo ejercicio, buena alimentación y reconocimiento diario de quienes somos. Es bueno trabajar la identidad personal y social.